La militancia de Whatsapp

Uno de los problemas de nuestra querida Argentina, aparte de los malos políticos en funciones, son los malos políticos que aun no llegan (ni llegarán) a la función pública, al menos en cargos de relevancia. Estos “proyectos de funcionarios” brotan como cizaña en el campo de la democracia. Esta gente normalmente se vale de “mini partidos” que no hacen política propiamente dicha sino que se manejan de una manera desprolija y hasta poco ética.

Tal vez porque los que mejor se acomodaron no desean perder sus supuestos privilegios, o quién sabe porqué otros oscuros intereses, repelen al ciudadano que de verdad quiere militar y generar política seria.

Un psicólogo diría que es un signo de inseguridad, miedo a perder lo que logró. Y algo de razón tendría.

Esos políticos inseguros de sí mismos ya tienen su “kiosquito” armado entonces. por un lado pregonan la necesidad de aumentar la militancia para poder llevar más y mejor política al pueblo, sin embargo cuando aparece un ciudadano con ideas no le hacen un lugar. De hecho intentan no prestarle atención para que esa persona que podría haber sido un buen militante, y quizás en el futuro un gran cuadro político, se termine alejando en busca de otro espacio de militancia. Por esta razón partidos centenarios que han forjado próceres y que han escrito páginas gloriosas de la historia, en la actualidad no tienen más que un puñado de seguidores (varios de ellos con el mismo apellido) y con un nulo apoyo por parte del Pueblo. Esos partidos que han caído en desgracia, hoy son superados por modernas estructuras con empuje y vocación de servicio. Es así que, por ejemplo, un partido de sólo diez años de antigüedad como el derechista PRO ha llegado a la presidencia nacional partiendo de ser un partido vecinal mientras otros espacios políticos, que tienen cien años o más, no logran convencer al electorado y se quedan con la consignita en el panfleto sin repartir. No está de más aclarar que la palabra “autocrítica” está proscripta en la ideología de estos últimos.

El gran dilema que tienen estos fósiles de la democracia es que, como ya tienen su “kiosquito” funcionando, no les interesa sumar militantes para crear una fuerza popular más importante y con peso en el escenario electoral. Por ello, a veces, no se esfuerzan ni siquiera por tener un local en donde el pueblo pueda realizar actividades sociales y/o de capacitación -¿para qué? se preguntan- entonces las “reuniones” terminan siendo charlas por whatsapp entre la mesa chica, que viene a ser la mesa grande también porque no hay gente a quien sentar allí.

militancia de -whatsapp

Un militante serio genera ideas y estrategias aplicables para el pueblo con el fin de promover el bienestar de la ciudadanía, gobiernen o no. Si se gobierna se aplican desde el gobierno y si no, se llevan a cabo desde la sede partidaria. Pero el otro tipo de militante, sólo sirve para hacer número, léase pegar carteles o repartir boletas. De esos necesitan ciertos pseudo políticos, no desean militantes pensantes en su partido, quieren gente que haga número, nada más.

En la práctica el funcionamiento básico es así: yo me creo un partido x o me meto en alguno ya creado, pero que esté medio muerto, en las elecciones apoyo al que va a ganar y más temprano que tarde les paso factura y me dan algunos cargos. Salgo en algunas fotos con el ganador y así alimento mi ego. Listo, se acabo el trabajo partidario hasta las próximas elecciones. Si quiero hablar algo de vez en cuando envío un SMS… es poco serio, pero real. Así funcionan las cosas en la militancia de Whatsapp, sin que sus líderes traccionen para que el partido crezca. ¿Para qué si ya se acomodaron?

A los que llegan con ideas los espantan con esa burocracia estilo Unión Soviética que a muchos partidos les gusta aplicar. Eso sí, cuando hay elecciones se acercan al candidato que va primero en las encuestas colgando su ideología y dignidad en un perchero y poniéndose la camiseta del ganador para ligar cargos. No importa si ese candidato comulga o no con las ideas del partido de whatsapp, lo importante es figurar y comer de las sobras que le tiren.

Fíjese que los principales cargos son, obviamente, para el partido que ganó las elecciones y las terceras o cuartas líneas se la dan a los pequeños movimientos que en realidad no sumaron ni restaron. Es obvio, los militantes de cuarta nunca podrán integrar la primera línea de mando en la administración pública.

En conclusión, existen cuatro tipos básicos de partidos políticos: los grandes nuevos, los grandes antiguos, los chicos recién formados y los chicos con décadas de antigüedad y militantes de Whatsapp, de éstos últimos hay que procurar alejarse.

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Publicado el 12/23/2015 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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