¿Eran globitos?

Quiero confesar algo, nunca ganó el candidato que voté. Eso me frustra mucho. No porque sea el dueño de la verdad sino que la verdad que se palpa en la calle, y que Perón le llamaba realidad, me termina dando la razón. No es que sea un erudito, vidente o el gurú de la política, sencillamente mis ojos, con miopía incluida, logran ver un poco más allá del horizonte presente. A mi ego le gusta creer que tengo la virtud de anticipar hechos como si de un estadista se tratara, pero no sé. La cosa es que ocurre mucho de lo que digo que va a pasar. Muy a mi pesar, por supuesto, porque, como dije antes, nunca ganó el candidato que voté.

El pasado año volví a frustrarme, es que un candidato que no explica qué hará nos debería inspirar desconfianza, pero no. Es como que la gente prefiere que no abran demasiado la boca antes que le mientan con promesas. Al parecer los votantes hicieron suya la célebre frase de Bernard Baruch:

“Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione”.

Así es que, con un vacío mensaje de esperanza, terminó ganando las elecciones. ¿Por qué vacío mensaje? Porque si no explican de verdad que harán es casi irresponsable de nuestra parte poner las esperanzas en eso. Se supone que uno depositaba la esperanza en una promesa de “cambio” y en la mente desesperada de las masas terminaron viendo esa promesa como positiva, no obstante, si el partido político que busca nuestro voto, adrede, no explica su plan de gobierno de manera detallada, no se puede definir fehacientemente si el cambio será positivo o negativo. Y es una irresponsabilidad ciudadana apoyar a ciegas.
No hay que tener muchas luces para darse cuenta que si no exponen el plan de gobierno es porque no va a gustar. Si fuese del agrado del pueblo lo dirían para sumar votos. Si no lo dicen es porque no los votarían. No hay que ser un analista político para entender que van a perjudicar a la mayoría.

Discúlpenme compatriotas si molesta lo siguiente: al pueblo argentino lo veo como un paciente al que le tienen que limpiar una caries, pero que le toca un dentista que le hace mala praxis y termina arrancándole la muela. El paciente por la anestesia no se da cuenta, pero ya se enterará. Lamentablemente así veo al pueblo argentino, como alguien anestesiado al que le pueden sacar todas las muelas e igual va a sonreír, sin dientes y sin dolor.

Más temprano que tarde empezaremos a despotricar contra el presidente con esa estrategia tan remanida de afirmar: “yo no lo voté”. Hablaremos de la corrupción, que son ladrones y haremos una lista mental de los funcionarios y sus secuaces que nos llevaron a caer en desgracia. Por supuesto que los “secuaces principales”, los que lo votaron sin preguntar y agitaban globitos como niños en un pelotero, nunca integrarán esa lista. Esa facción del pueblo se lavará las manos hasta con lavandina, no vaya a ser que los confundan con los que tienen las manos sucias. Pero hay manchas que no se van y la historia hablará de ellos. Ya pasó con la plaza de mayo llena aplaudiendo a un borracho que nos llevó a la guerra. Buena parte de esas personas luego dijeron “que loco este tipo, ir a pelear con Inglaterra…”, pero bien que aplaudieron en la plaza. Conozco varios de esos porque me lo contaron ellos mismos sin percatarse que fueron cómplices del error. O como los votantes de Menem, que ganó dos veces las elecciones presidenciales, pero nadie lo votó. ¿Cómo hizo para reelegirse si nadie lo votó? Son cosas que sólo en Argentina pasan.
Es que un pueblo que no se hace cargo de su historia va por mal camino. Una famosa frase que conocemos todos en Latinoamérica reza: “un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla”, sin embargo, no alcanza con acordarse sino que necesitamos hacernos cargo como Nación. No sólo hay que acordarse sino preocuparse.
Tenemos que tener la ética de ser responsables de nuestros actos, echarle la culpa al político no alcanza. Nunca alcanzó. El gobernante no es un marciano que bajó de un OVNI y se acomodó en un puesto del gobierno, lo pusimos nosotros en la democracia y dejamos que se acomodaran sin hacer lo suficiente en las dictaduras. Debemos hacernos cargo de todo eso.

xxx

Después de ver la realidad de nuestro país con devaluación, aumento de precios, recesión, múltiples beneficios para las empresas y poco y nada para el pueblo no sé si esas cosas infladas que agitaban los militantes del ganador eran globitos o preservativos. Me voy a quedar con la duda para siempre.

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Publicado el 01/05/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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