Ay!

Con esa exclamación se expresó Pablo en la primera Carta a los Corintios, 9:16. El versículo completo es así:

“Pues bien que anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”

En algunas ocasiones me han hecho una pregunta bastante curiosa. ¿Para qué haces esto? Eso de tener un blog, escribir material cristiano que pocos leen, intentar convencer a la gente de que va por mal camino. Gastar dinero en imprimir libros para venderlos al costo ¿Para qué lo haces? ¿Acaso eres masoquista?
Muchos tienen la visión errónea que predicar es feo, que es una elección mala porque algunas personas terminan alejándose de uno, se reciben burlas y muchas otras cosas más que ocurren en la vida cristiana. Hay hermanos que han perdido hasta la vida en su afán de predicar.
El tema es que no es una elección y tampoco soy masoquista. Es una imposición que todos los cristianos tenemos. Cualquier imposición implica la ausencia de una elección personal, no es algo que elijamos y de ahí nace ese sentimiento a cumplir con lo que Dios pide.
Los seres humanos somos rebeldes por naturaleza y por eso cuando se nos impone algo como que no nos gusta, ni siquiera en este caso que es algo maravilloso, porque convengamos que llevar la Palabra de Dios a oídos que nunca la escucharon es algo genial. Aun así a veces lo vemos como un peso.
El versículo del comienzo se puede separar en dos partes. La primera es la no “vanaglorización” del trabajo de predicar. Bien dice el apóstol al aclarar “no tengo por qué gloriarme porque me es impuesta necesidad”.
He tenido la mala experiencia (pero experiencia al fin) de encontrarme con seres humanos que hacen de su función de prédica un tesoro para vanagloriarse ante los ojos de los demás. Ese es un error porque puede tirar por tierra el mensaje de Dios. Lo tira por el piso porque nuestra actitud altiva toma las riendas entonces producimos que el Evangelio pierda importancia. La persona a la que predicamos puede pensar “este se hace el cristiano humilde y es re soberbio” o cosas por el estilo.

Filipenses 2:3

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”

Necesitamos como dice Juan 3:30 “A él conviene crecer, mas a mí menguar.”El predicar no es para soberbios y altaneros sino para personas que ven en la prédica un servicio al prójimo. ¿Por qué servicio? Porque somos eso, servidores. Nosotros no somos los que damos la salvación, no “ganamos almas” como enseñan en algunas denominaciones, eso es trabajo del Espíritu Santo. Nosotros solo damos la información, la otra persona hace el resto.

En síntesis, nuestra tarea es predicar, pero no es un súper privilegio que nos hayan otorgado por ser maravillosos seres humanos sino que sencillamente somos pecadores salvados por Dios predicándole a otros que aún no lo conocen.

La segunda parte del versículo es la que da nombre a esta prédica “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”. Dicha exclamación denota el temor a Dios. Él mejor que nadie sabe la gravedad de no atender las peticiones de Dios. Jesús nos dijo:

Juan 14:15

“Si me amáis, guardad mis mandamientos”

Ese versículo sumado a este otro harán que todo quede claro:

Marcos 16:15

“Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.”

El tema es simple y voy a tratar de resumirlo en una oración. Si amamos a Jesús debemos aplicar lo que nos enseñó y una de esas cosas es el predicar.
A mí me causa una mezcla de gracia y tristeza el escuchar por ejemplo a los católicos decir “yo soy católico no practicante”. Eso no existe. Es como si yo, con mi gran panzota dijera “soy fisicoculturista, pero no practicante”. De la misma manera que yo, si no hago ejercicio, dieta y no tengo la disciplina del fisicoculturista no puedo autodenominarme así, nadie puede denominarse cristiano incumpliendo los preceptos de Dios. Y si no cumplimos con los preceptos del Altísimo no seremos salvos, y si eso pasa vamos al infierno derechito. ¿Se entiende la relación?
No quiero citar versículos del infierno y ese tipo de cosas porque está claro lo que nos puede pasar si no cumplimos. De ahí viene el “Ay” del apóstol Pablo.

No es necesario salir a golpear puertas los domingos como hacen los Testigos de Jehová, Dios no tiene un día específico para predicar. Tampoco existe una sola manera de hacerlo.
Si uno piensa en predicar se le viene a la mente hablar, explicar versículos y demás. La verdadera forma de hacerlo es mediante el amor al prójimo, ése es el lenguaje universal que Dios nos ha dado. El amor supera los idiomas y las fronteras, traspasa todo.
Si aplicamos los versículos de la Biblia con amor seremos como bendiciones con pies, iremos bendiciendo a todo el que se nos cruce en el camino. Es bonito escuchar prédicas de las maravillas de Dios dentro de la Iglesia, no obstante el amor y las buenas nuevas de Dios se demuestran fuera de ella.
En ocasiones esto no es fácil porque como el enemigo no tiene poder sobre nuestras almas porque somos hijos de Dios, opera a nuestro alrededor. Irradia su influencia en el mundo entonces podemos tener problemas que nos afectan, mas siempre vienen de afuera porque es ahí donde el demonio puede ejercer influencia. Las burlas hacia nuestra tarea, las críticas porque no decimos lo que otros desean oir, los chismes, etc son obstáculos que pone el innombrable para dificultarnos la vida con el sólo fin que nos agotemos, nos debilitemos y dejemos de realizar lo que Dios nos pide. Si usted quiere evidencia de esto no tiene más que preguntarle a este servidor. Esto lo sé porque me ha pasado personalmente y le pido perdón a Dios por ello.No me da orgullo confesarlo, pero mis caídas han servido para dar testimonio hoy. Espero que mi humilde experiencia sirva para tener en cuenta este aspecto.
Y eso no me ha pasado sólo a mí, por supuesto que esto no es nuevo, ya desde los tiempos bíblicos ocurrían hechos parecidos.

Romanos 8:35-37

“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó.”

Hace unos días se publicó una noticia que los narcos, en las favelas brasileñas, pagaban 30 dólares a niños para matar a trabajadores sociales que hacían obras de bien en esos lugares. Desde ONGs hasta pastores y misioneros, todos eran asesinados por estos menores de edad. Por 30 dólares. Ése es otro ejemplo de la influencia del diablo en el mundo.

Esta es la batalla que tenemos que librar, lo bueno que, como dice Romanos 8:37 “somos más que vencedores”. Esto hay que entenderlo de forma espiritual, no física o carnal. Somos más que vencedores, no porque no nos lleguen las burlas que a veces son crueles; no porque no nos golpeen las mejillas más de una vez, no porque nuestro cuerpo no lo dañen las balas, no somos Terminator. Somos más que vencedores porque tenemos nuestro hogar en los cielos junto a Dios, en un lugar donde no hay llantos, no hay maldad, no hay sufrimiento. Eso no nos lo quita nadie así que seamos valientes y prediquemos las buenas nuevas de Dios con alegría. Que Dios lo bendiga.

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Publicado el 01/09/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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