Justicia por mano propia

Encender la TV en Argentina se parece más o menos a ver la guerra de Irak vía satélite. No estamos ni en guerra con otro país ni mucho menos, tampoco la inseguridad es terrible ni tenemos una guerra civil. Igual la impresión que dan los medios al estar mostrando las 24 horas del día, accidentes de autos, robos, incendios y demás, tienden a dar esa imagen de apocalipsis. Sin embargo un hecho que se ha vuelto común y daña mucho a la sociedad toda son los llamados “linchamientos” que no es más que darle “para que tenga” al ladrón que fue atrapado in fraganti cometiendo un delito en la calle. Eso no está bien porque, aunque en ese momento muchos vean a los ladrones como enemigos, son seres humanos con problemas y, como tal, hay que tratarlos con compasión e intentar ayudarlos. No importa si usted es cristiano o ateo, se cae de maduro que golpear a otro ser humano y tomar la ley en sus manos es un pensamiento errado. Y hay que analizar un pequeño gran detalle: los que golpean en grupo al ladrón también tienen problemas. ¿Por qué? Fíjese que no lo golpean en un intento de atrapar al delincuente que se escapa o en un acto de defensa propia, lo hacen con el fin de castigarlo, de matarlo. En ese instante el pueblo es un legislador que promulgó una ley que permite castigar a otro ser humano, el pueblo se vuelve policía y reprime al ladrón y también se convierte en juez porque ya dictó sentencia de culpable. En todos estos aspectos el pueblo se salteó los poderes del Estado convirtiéndose ellos en amos y señores de la calle. La ley del más fuerte o la ley de la selva, como quieran llamarle. Hace unos días murió un joven por estos linchamientos.
La sociedad está tan alterada que hemos empezado a aplicar la justicia por mano propia y ésta no es otra cosa que injusticia porque viola las leyes.

El problema de Argentina, en general, son algunos políticos que usan la inseguridad para crear las condiciones políticas que ellos desean, y el pueblo que toma en sí las facultades que no les competen luego de elegir mal a sus representantes. Es así que el denominado “garantismo” nace en la democracia del 83 para adelante como contrapartida del terrorismo de Estado de los años 70 y el “linchamiento” como la ausencia total del Estado, al revés que en los años de dictadura. No está bueno ni que el gobierno te parta la cabeza de un culatazo de fusil ni tampoco que esté ausente y los golpes los dé una facción enardecida de peatones.
En mi humilde experiencia lo mejor para mí es respetar las leyes porque todo se rige por ellas. La naturaleza se rige por leyes, los planetas y el universo también y, por supuesto, nuestra sociedad no es ajena a ese orden divino.
Yo soy de los que les gusta la Tolerancia Cero, mas cuando expreso esto me tratan de fascista, nazi o algún dictador de esos del siglo XX, no obstante, como cristiano que soy, estoy en la otra punta de todos esos comportamientos.
Tolerancia Cero es, como su nombre lo indica no tolerar ni las pequeñas cosas. Algunas personas malintencionadas lo confunden con mano dura o mano de hierro, pero nada que ver, la mano dura es ilegal y yo estoy hablando de todo lo contrario, del respeto a las normas de convivencia. Si una ordenanza reza que no podés pintar una pared, no se pinta, por más que tu graffiti sea una obra de arte y tengas ganas de expresarte. Si una ley dicta que no podés pasar en rojo, no se pasa en rojo y listo, no importa lo apurados que estés. Y así en todos los órdenes de la vida, incluso con los politicos o los pderosos.
La ley lo es todo y sólo los rebeldes, bohemios y los que no se adaptan del todo bien a la sociedad están en contra de este concepto.
El principio de autoridad es la base de las grandes y exitosas sociedades del planeta, si cada uno hace lo que quiere todo se desmadra porque o gana la pelea el más guapo o el que más contactos tenga para evadir la ley.
El gran Martín Fierro habla de esto, en él podemos leer estos geniales versos:

“La ley es tela de araña
en mi ignorancia lo explico:
no la tema el hombre rico
nunca la tema el que mande,
pues la rompe el bicho grande
y solo enreda a los chicos.”

En la verdadera Tolerancia Cero no se salva ni el pobre ni el rico y “casi” no ocurre lo que relata el Martín Fierro. No está de más destacar de nuevo que se aplica en todos los estratos sociales, vale decir tanto al pueblo como a sus representantes.
Para ello la balanza tiene que estar equilibrada entre el garantismo berreta y populista que hoy se ve en la Argentina y el autoritarismo que es la desnaturalización del sistema legal. El sistema debe estar balanceado entre la ausencia del Estado y los linchamientos, y lo que equilibra todo ello es la Tolerancia Cero.
Asimismo es importante aplicar la llamada Justicia Social que no es más que llevar la Tolerancia Cero a su máximo esplendor legal. Si se cumpliera dicha consigna, no podríamos tolerar que haya personas sin casas porque nuestra Constitución Nacional indica que todos tenemos derecho a una vivienda. No podríamos tolerar que haya niños desnutridos. Las cárceles deberían ser centros de rehabilitación y no incubadoras de delincuentes como en la actualidad. Y así en todos los ámbitos de la sociedad. Es lo único que garantiza el equilibrio social ya que la ausencia del Estado, la presencia en demasía de éste o el reemplazo del Estado por el pueblo y su “justicia por mano propia” destruyen el tejido social.
La inseguridad y los linchamientos son la cara más visible del desequilibrio social reinante, pero existen cientos de formas que solapadamente hacen tropezar los pasos que da la sociedad hacia su crecimiento.
En nuestro país se ha probado todo, dictaduras, Estados ausentes, populistas, etc. Es hora de probar la Tolerancia Cero, que el pueblo y el gobernante hagan lo que se debe hacer y no hacer lo que no se debe hacer es la forma más obvia, sensata y más civilizada de lograr un estado de bienestar.

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Publicado el 06/07/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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