La Argentina cíclica

Desde que tengo uso de razón Argentina se comporta igual. Yo nací en época de militares y crecí feliz. No viví el mundial, el conflicto del Beagle ni la guerra de Malvinas. El regreso a la democracia me encontró con siete añitos por lo que tengo vagos recuerdos de los actos políticos a los que asistía mi familia.

Tengo vagos recuerdos del régimen militar y tengo frescos los de la democracia. Más allá de eso, analizando la historia argentina uno puede llegar a la conclusión que la Argentina es “cíclica”.

Hay dos tipos de ciclos que puede padecer una nación, los grandes ciclos tienen que ver con quién gobierna, en Argentina sería militares, civiles, militares o, si se quiere ver desde otro punto de vista, dictadura, democracia, dictadura. El otro tipo de ciclo tiene que ver con el manejo de quien gobierna y estos son inflación, estabilidad, inflación.

Por estos momentos en los que estamos “disfrutando” (y eso entre muchas comillas) una democracia sostenida por tres décadas vuelvo a afirmar que Argentina es siempre lo mismo. Tenemos la bendición de no haber vuelto al gran ciclo que traiga a los militares de vuelta, pero sí hemos padecido hiperinflación, estabilidad y de nuevo inflación. Lo curioso que estos ciclos económicos no son patrimonio ni de la dictadura ni de la democracia. Los dos han fallado y padecen de lo mismo. Ha habido estabilidad e inflación en regímenes militares y exactamente igual ha ocurrido en la democracia. ¿Qué diferencia entonces un gobierno militar de uno de civiles? La verdad es que, sacando los balazos y las picanas, poco y nada. Alguno dirá que el voto es importante y sí lo es, pero cuando el sufragio se hace sin valores o coaccionado por un plan social, da lo mismo votar o no. No cambia demasiado si voto al que me gusta o al que me da dinero. Da igual si voto al que por convicción deseo apoyar o porque me dan trabajo. Cuando se cae en esa sintomatología es porque una nación está enferma entonces no hace diferencia si elegiste o te impusieron quien gobierna, las cosas saldrán mal.

Eso de “Vox Populi, Voz Dei” es una falta de respeto al Creador. El pueblo es mudo cuando no tiene cultura. Y en Argentina hay cada vez más pobres, más desnutridos, peor educación y mala calidad de vida.

Si me preguntan a mí, y con esto suelo recibir insultos, me da igual si el gobierno es de civiles, militares o me gobierna un rey. El país tiene que funcionar bien. No sirve de nada que nos inflemos el pecho hablando de democracia y votando a un civil que no tiene valores bien cimentados.

A mi humilde juicio, como siervo de Dios. Si un sistema está basado en los valores cristianos y se respetan estos valores cualquier régimen funcionará bien. Por el contrario si esto no sucede, es fútil que votes al que te represente porque no te va a representar.

Hay ejércitos que tienen a la virgen como patrona, pero no tienen idea de Dios y eso se ve si por algún caso fortuito toman el poder como en la Argentina del siglo pasado. Existen reyes que se proclaman cristianos, no obstante su comportamiento no lo es. No es necesario mayor ejemplo porque con analizar las monarquías, cualquiera, de cualquier tiempo, usted puede notar esto. Y un hecho similar pasa en la democracia en donde los funcionarios civiles en el único momento que han tenido noticias de algo denominado “Biblia” y de un ser superior llamado “Dios” es a la hora de jurar. Luego que “Dios y la Patria” le demanden (si pueden) los desastres y los actos de corrupción que provocan..

Sin un iusnaturalismo serio y actualizado (no con una mirada inquisidora sino una del siglo XXI) que se refleje en la forma diaria de gobierno estamos perdidos. Las leyes reflejan sí un iusnaturlismo definido en su espíritu, pero lo importante es que se note en el comportamiento de los funcionarios (y del pueblo), en donde el código de ética esté grabado en el corazón como parte inherente de la persona y no como un Código votado por el Poder Legislativo y que hay que cumplir porque lo publicaron en el Boletín Oficial.

Cuando todos, gobernantes y gobernados, nos guiemos por los principios invariables de la Justicia de Dios, el bienestar estará a la vuelta de la esquina. Por el contrario, si seguimos en esta misma tesitura, tratando de expropiarle el esfuerzo al tercero, intentando repartir lo que no se ha ganado y echándole la culpa a todo país extranjero, estaremos tan perdidos como ahora que ni la esquina podremos a encontrar…

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Publicado el 06/07/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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