El engaño de la “legítima defensa”

Por estos días Argentina parece el “far west”. Existen muchos hechos de inseguridad, los que se ven potenciados por los medios de comunicación televisivos que, al no tener tanto flujo de noticias interesantes para llenar su grilla de 24 horas, terminan montando todo un show con cada hecho delictivo que ocurre en el país. De todas maneras, la inseguridad existe y se ha magnificado por los más de diez años de gobierno populista de izquierda que ha arruinado toda una generación, que es la que mayormente produce los delitos actualmente.

Hace unos días un médico abatió con cuatro balazos a un delincuente que le intentó robar el auto. Toda la semana han estado proponiendo un debate superficial y amarillista entre “justicia por mano propia o legítima defensa”. Algunos festejaron la actitud del médico tratando de “negro de m…” al ladrón, “uno menos, este no jode más” llegó a decir el periodista Eduardo Feinmann mientras otros aseguraban que tanto ladrón como el médico al que le robaron el vehículo eran víctimas de la sociedad.

legitima defensa dany pacheco

Es ciertamente triste el nivel del debate, se debería ir un poco más allá, aleteando más alto que aquellos periodistas “especialistas en todo” cuyas alocuciones no alcanzan ni a despegar intelectualmente.

Lo que a mí realmente me preocupa es la figura jurídica de la “legítima defensa”. Normalmente se utiliza cuando un ser humano mata a otro. Cuando ese fatal hecho es consumado, una de las partes aduce “legítima defensa” en un intento de no ir a la cárcel o bien morigerar la pena.

También está el caso que la persona está convencida que matar a otro, en ese caso, está bien. Tal es el pensamiento del médico que para eso se compró un arma ya que nadie tendría una si no tuviese claro que puede matar a alguien. No sirve para otra cosa, por eso no le creo cuando afirma que no lo quiso matar.

La realidad, la parte que nadie le cuenta a usted, es que no existe tal tipo de defensa por la sencilla razón que no hay justificación que obvie el hecho que un ser humano asesinó a otro. Es una figura jurídica legal, pero no es legítima.

Seguramente usted, por la educación que le han dado, caiga en ese lugar común de justificar el asesinato. Eso dista de ser el comportamiento correcto dentro de un mundo civilizado.

No sé ustedes, pero yo soy cristiano. La mayoría de los que leen mis escritos lo son. Ahora bien, la Biblia dice en sus famosos diez mandamientos “no matarás”. No está escrito “no matarás, excepción que te sientas en peligro”. No es así, la muerte a otro ser humano no tiene ningún tipo de justificativo válido, ni siquiera el posible peligro de morir nosotros mismos.

Usted puede creer que es correcto ejercer la “legítima defensa” cuando peligra su vida, pero está lejos de ser la verdad.

Lo mismo pensó Pedro al intentar defender a Jesús en el monte de los olivos cuando lo fueron a apresar. Pedro tomó la espada de un soldado romano, empezó a tirar espadazos para todos lados y le dio en la oreja a un soldado. Jesucristo, con toda sabiduría, le indicó que no lo hiciera. De ahí viene la frase: “el que a hierro mata, a hierro muere”.

Todo esto lo entendieron los primeros cristianos. Ellos eran apresados y luego los ponían a luchar en los circos romanos de la época como gladiadores. Aquellos primeros santos eran masacrados fácilmente por la sencilla razón que no tomaban su espada. En otros casos eran devorados por los leones al ser arrojados con los animales justamente porque se negaban a luchar.

Quinto Septimio Florente Tertuliano, comúnmente llamado “Tertuliano”, fue un padre de la iglesia que escribió en la segunda mitad del siglo II y parte del siglo III. En su obra “De Idolatría” nos cuenta algo de aquellos espectáculos romanos y el comportamiento de los cristianos primitivos.

“Todo en los espectáculos paganos es idolatría: sus orígenes que recuerdan a algún dios; sus nombres, tomados igualmente de los dioses (…) la primera señal por la que reconocen a un nuevo cristiano, es que ya no asiste a los espectáculos; si vuelve a ellos, es un desertor”,

Los cristianos no asistían a esos eventos porque además eran perseguidos y los ponían a ellos a luchar. Su santidad no les permitía ver aquellos crueles espectáculos ni ser parte, aunque los pusieran dentro de la misma arena a luchar. “Damnatio ad bestias” se llamaba esa práctica.

Luego del Concilio de Nicea en el 325 (que es cuando nace la iglesia católica) los cristianos dejan de ser perseguidos, pero siguen sin asistir. Por esa razón el papa católico Benedicto XIV declaró en 1749 como un lugar santo al Coliseo en honor a los mártires que morían sin luchar para no derramar sangre humana.

Varios siglos antes de Cristo, el profeta Daniel sufrió algo similar. Los tiraron a los leones en un intento por matarlo. La portada de mi facebook personal justamente se refiere a eso. Si no la vio, es la siguiente.

daniel leones dany pachecoEl profeta Daniel en el foso de los leones.

Lejos de intentar defenderse se quedó quieto, confió en Dios, y los leones no lo mataron. Aquella sabiduría que consistía en alejarse del mal y no verter la sangre de nadie (animales en el caso de Daniel) ni aun por la fuerza lamentablemente se ha perdido en los anaqueles del olvido.

En la actualidad los cristianos, más que todo los católicos, justifican el asesinato de otro ser humano ya sea porque le entró un ladrón a la casa o porque le quisieron robar el auto. Incluso, y acá diré algo que sé causa polémica, cuando el ladrón lo quiere matar. No existe ningún justificativo válido para que usted mate a otro ser humano, ni siquiera el propio peligro de morir.

Oigo decir a los asesinos en la TV “ejercí legítima defensa porque me estaba atacando”. Si el ladrón ataca a otra persona, eso constituye un pecado del ladrón. ¿Cuál es el justificativo de la otra persona para matar al ladrón? ¿Qué iba a morir? No es causa válida para matar. No existe razón para justificar un pecado, porque matar es pecado ya lo vimos. De ahí viene otra enseñanza de Jesús.

Mateo 16:25

“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

Perder la vida por causa de Jesús se aplica a esos casos donde nos asaltan o nos roban. Que uno muera sin defenderse o sin matar a la otra persona es ser un cristiano que llegara al cielo limpio y sin mancha. Lo contrario, aunque se esfuerce por justificarlo, no es de cristiano. Podrá vivir un tiempo más en la tierra, pero va a terminar en el infierno. A eso se refiere el versículo anterior, hay excusas que se argumentan para salvar la vida física, pero está perdiendo la vida eterna espiritual. He ahí lo crucial de no matar a nadie. Ése es el correcto significado de: “el que quiera salvar su vida la perderá”. No se puede preservar la propia vida pecando en contra de otro ser humano. No es de cristianos, y lo que no es de cristiano es satánico.

Las enseñanzas del cristianismo están para cumplirse en todo momento, especialmente en “esos” momentos. Existen personas que no mienten a excepción que necesiten mentir; no roban, a excepción que sea sumamente necesario y no matan, a excepción que se sientan en peligro. No se puede acomodar las enseñanzas de Dios a nuestra conveniencia. Eso también lo enseña Cristo, no yo.

Lucas 6:32-36

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.”

En conclusión, antes de defender la “legítima defensa” y buscar excusas para matar a otra persona recuerde todo esto. ¿Creía que el cristianismo era fácil de seguir? Pues no es así.

Tal vez usted piense que creo lo que creo porque nunca me pasó. Puede ser, y le aseguro que tampoco me va a pasar porque no me compraría nunca un arma para defenderme. La realidad es que prefiero morirme que ser un asesino.

No se engañe, no hay razón válida para matar, ni siquiera es causa suficiente que nos quieran matar a nosotros. El matar es un pecado, pero del que nos quiere asesinar no de nosotros. Ahora bien, si tomamos un arma y antes lo matamos nosotros, pasaremos a ser nosotros los asesinos y los pecadores. Constituye el camino más rápido para perder la vida eterna. No caiga en el engaño de la “legítima defensa”, es un pecado, no es defensa y no es legítima. Bendiciones para todos.

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Publicado el 09/05/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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