La obesidad del Estado

En nuestra querida Argentina, y me animo a decir que en todo país latinoamericano de corte populista, está latente el debate del Estado grande vs. el chico. Se dice, a modo de explicación simple, que la izquierda promueve un Estado grande, en contraposición de la derecha que lo quiere achicar. Palabras más, palabras menos, en eso consiste el tema que en algunos países (como el mío) lleva más de doscientos años sin llegar a un acuerdo maduro.

El Estado obeso Dany Pacheco

Si me preguntan a mí, el error es creer que por tener un Estado más grande se pueden lograr más cosas. Es una idea que la verborragia del populismo latinoamericano ha grabado a fuego en la mente de los pueblos. De todos modos no porque una idea sea medianamente aceptada es correcta. Llevándolo al terreno del futbol, es como creer que por poner más delanteros un equipo hará más goles. Ése es un error común.

No hay que confundir un Estado grande y fuerte con un Estado obeso. Lo que hemos tenido en Argentina (y en muchos países de Latinoamérica también) es ésto último, una estructura inflada que no cumple su función. Sus brazos fláccidos no cobijan al pueblo como debería y es por eso que hay tantas ONGs haciendo el trabajo que debería realizar el país. De esto hablo más detalladamente en otra opinión llamada “La tercerización de la política” que puede encontrar en este mismo blog. Tenemos un Estado obeso con gente que vive de la teta del gobierno. Muchos de sus empleados están allí, no por mérito sino por favoritismo con los militantes del partido vencedor y eso se nota.

Quizás en Argentina el problema se agrave con la nueva ley que dicta que hay que ocupar el 50% de los puestos con mujeres. Suena hermosa la ley y tiene un fin noble que es solucionar el tema del machismo imperante en la sociedad, pero es una equivocación garrafal. Lejos de intentar crear polémica, el tema no pasa por ser machista o feminista y poner la mitad o todo el cupo de mujeres, de hombres o de alienígenas sino que los cargos lo deberían ocupar los más preparados. Da igual su sexo. Si hay un cien porciento de funcionarias mujeres está excelente, no me molesta, pero tanto hombres como mujeres tienen que llegar por mérito. Basar los requisitos de una función pública en el sexo que tenga el aspirante casi que carece de sentido. Para ser más claro, imponer un cupo ya sea de hombres, mujeres o gays atenta contra la meritocracia.

A modo de anécdota recuerdo cuando militaba en un partido que tenía que cumplir con el cupo femenino para las elecciones 2003 y andaban buscando hasta debajo de las piedras militantes femeninas para lograr llenar la boleta con candidatas mujeres. Me parece que no es así la cosa. En fin, ése es otro tema.

La izquierda populista siempre ha intentado tener Estados grandes y burocráticos en donde parece que hacen algo, pero los esfuerzos se pierden en polvorientos cajones de archivos y no sirve de nada. Por eso los gobiernos estatales crecen, pero el ciudadano de a pie no ve los beneficios y mientras el Estado crece en tamaño sus arcas y riqueza se achica.

“Por sus frutos los conoceréis” dice la Biblia y vaya que se nota. Argentina en 1900 estaba para ser uno de los países más importantes del mundo y ahora somos una caricatura en las páginas de la historia mundial.

A mi entender, lo que se debe lograr es un Estado lo más chico posible y, a la vez, el más eficiente. Esto por una cuestión de recursos y responsabilidad pública, se debe cuidar al máximo el dinero del contribuyente. Un Estado burocrático se fagocita los recursos que tendrían que liberarse para el bienestar de la población. ¿Se puede? Claro que sí. Eligiendo a los mejores cuadros políticos y con un plan claramente sumamente organizado se pueden lograr grandes cosas. Ahora, si tengo que poner la mitad de mi equipo de un determinado sexo por ley, sirva o no, ahí ya no sé si se puede lograr.

El dinero del pueblo debería cuidarse y destinarse a objetivos claros, precisos, medibles y cuantificables. Parece obvio, pero en Argentina no lo es. Destinar 1.300 millones de pesos para comprar los derechos del fútbol porque según la ex presidenta Fernández de Kirchner: “ver futbol es un derecho” o gastar 36 millones en una novela cuando no se le paga a los jubilados no son gastos inteligentes para un país. O como hizo Macri, quitarle las retenciones a una industria que no lo necesita como la minería que es próspera y en Argentina se llevan el oro, tampoco es una decisión sabia.

Otra cosa que parece obvia, pero que no se hace es que un país debería gastar menos de lo que gana. Si el Estado gasta más de lo que gana tiene que pedir dinero para seguir subsistiendo, se siente obligado a pedir préstamos o a emitir deuda y así el país cae en desgracia. ¿Le suena familiar? Así ha sido la historia argentina siempre, cayendo en quiebra sistemáticamente.

Si ha tenido la oportunidad de ver la película argentina “Plata dulce” entenderá de lo que hablo. Es una película de 1982, época donde se liberaron las exportaciones y todo se fue al tacho. Es tan calcada la historia que al testaferro Carlos Bonifatti, encarnado por Federico Luppi, lo envían a comprar una bodega a Mendoza. Más o menos lo mismo que hizo Fariña unos años atrás. De más está aclarar que, tanto en la película como en la realidad, los dos terminan presos. Al parecer en treinta años de democracia no hemos aprendido nada. El poder que está detrás del poder cíclicamente produce un default para vaciar el país. Cada diez o quince años ocurre eso en Argentina.

la obesidad del estado dany pacheco

El gobierno actual de “Cambiemos” está haciendo lo mismo que han hecho los demás gobiernos populistas argentinos, emitiendo deuda que pagarán sus hijos y nietos. O sea que seguimos con el Estado obeso que se fagocita los recursos en lugar de hacer dieta y apretarse el cinturón para que las cuentas cierren. Esto indica que la inutilidad, inoperancia y carencia de amor a la patria no es propia ni de la izquierda ni de la derecha sino que son estúpidamente incapaces por igual.

La deuda creada por “Cambiemos” de la que hablé recién que es de casi 20 mil millones de dólares en sólo ocho meses, más la ya existente, como no se va a poder pagar, porque no piden dinero para infraestructura o desarrollo industrial sino para gastos corrientes que no generan riqueza, Argentina quebrará en diez o quince años aproximadamente. Esto está convirtiendo al Estado argentino ya no en un Estado obeso sino en un Estado bobo que no puede sobrevivir por su cuenta y debe pedir ayuda constantemente. Y no hay Estado bobo con ciudadanos inteligentes, si el Estado es bobo, nosotros también lo somos. Y no me gusta.

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Publicado el 10/20/2016 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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