Mi defensa

Hace un mes pasamos un momento tenso cuando ladrones entraron a la casa de mi madre. La sorprendieron cuando estaba barriendo la vereda, entraron por el garage y, al encontrarse conmigo en la cocina, uno de ellos sacó un arma y me obligó a tirarme al suelo. Gritaban todo tipo de cosas, desde que tenían a mi madre y la iban a matar si no les daba lo que pedían hasta insultos a mi persona ordenándome que les dijera dónde había oro y cosas así. En todo ese proceso me dieron cinco o seis puñetazos en la cabeza mientras estaba en el piso.

Nos robaron mucho dinero, mi celular y mi más preciado bien, una notebook que había traído del extranjero. Más que el valor monetario sufrí porque había corregido y alargado mi próximo libro en unas treinta páginas y en una obra de casi trescientas páginas es difícil recordar qué partes había retocado.

En fin, durante esa semana estuve muy amargado y hasta furioso. Se me cruzaron ideas terribles, desde comprarme un arma hasta aprender defensa personal para molerlos a patadas la próxima vez que quisieran robarme. Ése era el principal sentimiento que tenía, de indefensión, pero no era así.

Desde mi visión relativa de las cosas me sentía indefenso, más no lo estaba. ¿Por qué? Porque Dios siempre estuvo de mi lado, me podrían haber baleado o haber tenido mayores problemas si cuando vi que se llevaban mi notebook hubiese atacado a alguno de los ladrones. No hubiese sido ni el primero ni el último en morir por resistirse a un robo. Podrían haber ocurrido muchas cosas, pero no pasó a mayores porque no estaba indefenso.

Pensé que no tenía manera de defenderme, mas en el fondo sí lo hice. Mi defensa fue no pelear.

Saben, a mí no me gusta pelear, no sé pelear y, lo más importante, no deseo aprender. Ésa es mi más grande defensa.

Parece un argumento tonto si la oración anterior se analiza de una manera superficial, sin embargo, si se lee desde un punto de vista más espiritual se entiende mejor. Por Gracia de Dios la maldad no está en mí y, por lo tanto, nunca podría aprender karate, kung fu o arte marcial alguno para dañar.

No me interesa para nada entrenarme en técnicas para maltratar a otro semejante. Así que me puedo sentir triste, dolido o furioso porque soy humano, mas mi defensa es resistir, uno, diez, mil puñetazos, pero no maltratar al prójimo porque además de humano soy cristiano y tengo a Cristo en mi corazón.

 

1 Pedro 3:8-9

 

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.”

 

Proverbios 15:18

“El hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira apacigua contiendas.”

 

Ser cristiano es ser una herramienta de paz especialmente en los momentos de aflicción. Es muy simple ser pacífico cuando no pasa nada, lo difícil es serlo cuando el mal ataca. Si yo golpeo al que me golpea estoy devolviendo mal con mal, aunque la mente trate de darle un sentido de justicia a tal acto.

En conclusión, mi mayor defensa es mantener limpia y sin mancha mi alma que no es otra cosa que ser un buen cristiano.

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Publicado el 07/23/2017 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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